Durante mi estadía en UFLO, pude observar (muy asombrada)
que el edificio, presenta características nunca antes vistas
por mi en mi rol de estudiante de nivel superior: baños limpios (con papel, jabón,
toallas de papel y perfume), pisos relucientes, tizas en todas las aulas,
comedor ordenado e higiénico, etc.… Todas estas características que presentaba
la institución, eran muy novedosas para mí y me hacían pensar que en realidad
yo me estaba sorprendiendo por cosas que no debía: no debería sorprenderme
porque la institución se presente higiénica, sino que muy por el contrario, debería
sorprenderme por todos los años en los que yo estudié en malas condiciones higiénicas!
Por otro lado, si bien la institución se presenta muy
prolija y en optimas condiciones de limpieza, también presenta un vacío… un “síndrome
de pareces vacías”. Vacías de contenido…. Pasé varios minutos leyendo
carteleras y recorriendo con la vista metros y metros de paredes…. Solo encontré
muchos afiches- publicidad de cursos, carreras, y charlas que ofrecía la
Universidad de Flores (todos rentados y con sus correspondientes precios y
medios de pago)…. ¿Acaso no hay cursos en otro lado que no sea UFLO? ¿No hay algún
grupo que quiera expresar alguna ideología X? ¿Una fiesta o feria a realizarse
por la zona? ¿O una foto de un perrito perdido del barrio? ¿Una campaña
solidaria X?.... Nada. Solo ladrillos a la vista hermosamente pintados y
publicidad interna. Paredes con pocas marcas personales. Que no hablan de
personas, sino de las ofertas académicas de la institución. Me sentía rara allí,
era todo muy limpito, prolijo y mudo.
Tal vez, estén pensando que le estaba buscando “el pelo al
huevo”…. Y es probable sea así ¿no?, pero para mí las paredes “hablan”,
reflejan una realidad social: a través de la lectura de carteles me he enterado
de muchas cosas: cursos, capacitaciones, quién gano la intendencia en un
municipio (y con que porcentaje), quien ganó un superclásico, costumbres de un
barrio, fiestas, etc. Soy una “lectora de paredes” podríamos decir. Si es así,
entonces, ¿qué leí en esas aulas? Que no habría instancias de expresión para
los estudiantes, y que las paredes y carteleras son recursos comunicacionales que se usan de modo unidireccional:
de la universidad a los alumnos, pero no al revés. A su vez, esa realidad que muestran
las paredes, es una realidad institucional, donde no hay un “afuera” que
penetra para hacerse oír, sino que por el contrario: se tacha la exterioridad ya
que solo son visibles los mensajes que son solo “internos”.
Caso contrario, es el de la Sede de Independencia de nuestra
querida facultad, donde las paredes en lugar de hablar, gritan. Hay un
“embotellamiento” de mensajes políticos, ideológicos, académicos, laborales y
comerciales. Carteles que se amontonan unos con otros, que se superponen, hasta
que se caen al piso dejando ver que detrás de sí, había kilos y kilos de papel expresando
mas y mas mensajes. El grito, al igual que el silencio, violentan los sentidos, de modo que uno se
queda ahí, quietito sin poder diferenciar ningún mensaje. Sin poder oír: ya sea
porque no oye nada o porque se aturde de tanto griterío. La vista se pierde
entre tantos carteles y colores, y al final,
no se lee nada….
Por un lado hay paredes que gritan y por el otro paredes
mudas. ¿Hay un punto intermedio?


Interesante la observación y la metáfora (no sé si tan tan metafórica)
ResponderEliminarMuy buen análisis de las observaciones, me gusto mucho lo que señalas sobre las instituciones y el contraste. Lectora de paredes!
ResponderEliminarTal cual, te leo y me siento identificada con lo que decís. Debe ser porque estuve en la misma facultad haciedo la practica,y sin embargo como toda observacion es un recorte, mi foco se fue para otro lado y aun asi apareció el "corte" con el afuera y las grandes diferencias con la facu pública.
ResponderEliminarLaura Caparra