Hola que tal?, otra vez retomo el
blog comenzado el cuatrimestre anterior. No teman! No voy a escribir tanto como
la vez anterior, prometo que seré mas breve!
A esta altura del año, puedo
decir que siento mucha alegría por haber podido transitar las practicas en
contextos tan diferentes y por el otro me encuentro muy agotada, a causa del
ritmo de la cursada, viajar a capital para asistir a clases, armar
planificaciones, etc., etc. Por otra parte, también reconozco que siento algo
de frustración, ya que lamentablemente no pude cursar la materia 903 como tenía
previsto y recibirme como docente en este año… Así que el año próximo… a cursar
se ha dicho!!!!
En este segundo trimestre, mis
prácticas se llevaron a cabo en un contexto diferente al del primero: esta vez
la realice en un colegio público de nivel medio y caracterizado por una gran
organización estudiantil mediante el centro de estudiantes. A diferencia del trimestre
anterior, donde realicé las prácticas en una universidad privada donde no había
participación política por parte de los estudiantes, en este colegio, la
participación era importante. Sinceramente, me sorprendí al observar el grado
de participación y de empoderamiento de los estudiantes. Principalmente me
llamó la atención que los espacios estaban impregnados de subjetividad (como
bancos decorados, paredes con frases propias, los nombres de los estudiantes en
su aula, campañas fotografías del barrio, etc.) y por otro lado la presencia de
un centro de estudiantes con tanto poder que fueron capaces de tomar el colegio
por varias semanas y negociar ellos mismos con los profesores sobre la
evolución de la toma.
Esta sorpresa para mi era grande
por dos cuestiones. Primero por las diferencias con el de la universidad
privada en la que hice mis practicas, donde se podía oír en algunos estudiantes
una insatisfacción por su escasa participación y por no tener voz en ese
contexto institucional donde el orden, la prolijidad estaban a al orden del día
y donde los mensajes o información tenían un sentido único: de la universidad a
los estudiantes. La sensación que se generaba en mi era que la realidad allí ya
estaba dada, era fija y estable. Una dinámica estancada donde los aires de
cambio no parecería percibirse en lo mas mínimo y donde solo se observaba
estudiantes, pero no las marcas subjetivas de estos, ya sea en forma de afiches,
mensajitos en el baño, reuniones, organización de eventos o actos, etc. Se
observaba un ambiente prolijo y estéril, más similar a una oficina de empresa
multinacional que una institución educativa. En cambio, en el colegio secundario
lo que se observó fue otra realidad: los estudiantes parecían realmente dueños
de los espacios. Se podían leer sus nombre en corazoncitos y manos de papel en
las paredes, normas de convivencia elaboradas por ellos (por ej: un letrero
recomendaba no generar disputas por pertenencia
a diferentes barrios o alentar a equipos de fútbol diferentes), varias actividades
extracurriculares organizadas por el centro de estudiantes o docentes, etc. Es
decir, a diferencia del caso de la universidad donde se observaba queja por el
anonimato e impotencia que implicaba el lugar de estudiante en ese contexto
institucional en el colegio, en cambio, había una apropiación de los espacios
extrema a tal punto que eran los estudiantes los que disponían del colegio y decidían
si se adherían o no a la toma y su duración. Estos dos casos puntuales
representan dos caras de una misma moneda, dos realidades diferentes que pueden
vivenciarse en el sistema educativo de la Ciudad de Buenos Aires.
La otra cuestión por la cual me
generaba cierta sorpresa el grado de poder de los estudiantes y lo prologada
que fue la toma, se asocia a mi propia experiencia en el colegio secundario. En
mi adolescencia estudié en un colegio privado, mixto, religioso (católico), del
Gran Buenos Aires (en Hurlingham!). Allí todos íbamos uniformados: zapatos
negros, camisa blanca, pantalón los varones y las chicas llevábamos pollera
gris topo ¡aun en invierno! A diferencia de los colegios de la zona, era el
único que se cursaba en el turno vespertino (de 17 a 22.30 hs). En este
colegio, ni los estudiantes ni los docentes gozaban de libertad, y por lo que
me contó mi hermana (que estudio allí hasta el año pasado) cada vez fue menor. Recuerdo
que año a año las excursiones fueron cada vez menos a causa de “la responsabilidad que implicaba sacar los
chicos afuera del colegio” (léase esta frase con ironía)Por otra parte,
recuerdo que no nos dejaban entrar con el buzo de egresados, que corrían las
faltas a pesar de que los alumnos estuvieran de viaje, que todos debíamos cumplir
con TODOS los sacramentos (y los padres también), etc. Con el correr de los
años, como les dije antes, las normas restrictivas cada vez fueron mas a tal
punto que el año pasado mi hermana me contó que un docente fue sancionado por
ver con los alumnos la película “La noche de los lápices”….Sin comentarios. Sin
embargo, es necesario mencionar que mas allá de los intentos de controlar al
alumnado, los estudiantes nos íbamos igual de viaje de egresados, escondíamos
los buzos en las mochilas para usarlos en la salida y siempre (por suerte)
había algún docente dispuesto a pelearse para que hagamos alguna que otra
excursión. Es decir, no siempre las instituciones brindan la libertad para que
los estudiantes puedan apropiarse de los espacios y creo que aquí juega un rol
importante la administración de un colegio: la palabra “privado” implica que
hay un dueño/representante legal y que responde a determinados intereses, o
dicho de otra manera que dirige el colegio ¿Qué interés puede tener ese “dueño”
para ceder parte de su poder a los estudiantes?, la institución educativa en si
misma termina siendo desde este tipo de administración, una propiedad privada
donde parecería que hay que pedir permiso para hacer uso de ella. En cambio
cuando la administración es publica, los espacios son (por premisa) de todos y
por lo tanto es mas esperable que el poder no este coagulado en una sola figura
sino que el mismo se encuentre repartido entre todas las personas que integran
esa institución.
Finalmente y para concluir puedo
decir que fue muy grato haber realizado mis practicas en contextos tan
diferentes a mis propios recorridos personales por el sistema educativo, de
manera que pude observar mundos paralelos dentro de la educación.
