sábado, 17 de noviembre de 2012

Mundos paralelos


Hola que tal?, otra vez retomo el blog comenzado el cuatrimestre anterior. No teman! No voy a escribir tanto como la vez anterior, prometo que seré mas breve!
A esta altura del año, puedo decir que siento mucha alegría por haber podido transitar las practicas en contextos tan diferentes y por el otro me encuentro muy agotada, a causa del ritmo de la cursada, viajar a capital para asistir a clases, armar planificaciones, etc., etc. Por otra parte, también reconozco que siento algo de frustración, ya que lamentablemente no pude cursar la materia 903 como tenía previsto y recibirme como docente en este año… Así que el año próximo… a cursar se ha dicho!!!!
En este segundo trimestre, mis prácticas se llevaron a cabo en un contexto diferente al del primero: esta vez la realice en un colegio público de nivel medio y caracterizado por una gran organización estudiantil mediante el centro de estudiantes. A diferencia del trimestre anterior, donde realicé las prácticas en una universidad privada donde no había participación política por parte de los estudiantes, en este colegio, la participación era importante. Sinceramente, me sorprendí al observar el grado de participación y de empoderamiento de los estudiantes. Principalmente me llamó la atención que los espacios estaban impregnados de subjetividad (como bancos decorados, paredes con frases propias, los nombres de los estudiantes en su aula, campañas fotografías del barrio, etc.) y por otro lado la presencia de un centro de estudiantes con tanto poder que fueron capaces de tomar el colegio por varias semanas y negociar ellos mismos con los profesores sobre la evolución de la toma.



Esta sorpresa para mi era grande por dos cuestiones. Primero por las diferencias con el de la universidad privada en la que hice mis practicas, donde se podía oír en algunos estudiantes una insatisfacción por su escasa participación y por no tener voz en ese contexto institucional donde el orden, la prolijidad estaban a al orden del día y donde los mensajes o información tenían un sentido único: de la universidad a los estudiantes. La sensación que se generaba en mi era que la realidad allí ya estaba dada, era fija y estable. Una dinámica estancada donde los aires de cambio no parecería percibirse en lo mas mínimo y donde solo se observaba estudiantes, pero no las marcas subjetivas de estos, ya sea en forma de afiches, mensajitos en el baño, reuniones, organización de eventos o actos, etc. Se observaba un ambiente prolijo y estéril, más similar a una oficina de empresa multinacional que una institución educativa. En cambio, en el colegio secundario lo que se observó fue otra realidad: los estudiantes parecían realmente dueños de los espacios. Se podían leer sus nombre en corazoncitos y manos de papel en las paredes, normas de convivencia elaboradas por ellos (por ej: un letrero recomendaba no generar disputas por pertenencia  a diferentes barrios o alentar a equipos de fútbol diferentes), varias actividades extracurriculares organizadas por el centro de estudiantes o docentes, etc. Es decir, a diferencia del caso de la universidad donde se observaba queja por el anonimato e impotencia que implicaba el lugar de estudiante en ese contexto institucional en el colegio, en cambio, había una apropiación de los espacios extrema a tal punto que eran los estudiantes los que disponían del colegio y decidían si se adherían o no a la toma y su duración. Estos dos casos puntuales representan dos caras de una misma moneda, dos realidades diferentes que pueden vivenciarse en el sistema educativo de la Ciudad de Buenos Aires.
La otra cuestión por la cual me generaba cierta sorpresa el grado de poder de los estudiantes y lo prologada que fue la toma, se asocia a mi propia experiencia en el colegio secundario. En mi adolescencia estudié en un colegio privado, mixto, religioso (católico), del Gran Buenos Aires (en Hurlingham!). Allí todos íbamos uniformados: zapatos negros, camisa blanca, pantalón los varones y las chicas llevábamos pollera gris topo ¡aun en invierno! A diferencia de los colegios de la zona, era el único que se cursaba en el turno vespertino (de 17 a 22.30 hs). En este colegio, ni los estudiantes ni los docentes gozaban de libertad, y por lo que me contó mi hermana (que estudio allí hasta el año pasado) cada vez fue menor. Recuerdo que año a año las excursiones fueron cada vez menos a causa de “la responsabilidad que implicaba sacar los chicos afuera del colegio” (léase esta frase con ironía)Por otra parte, recuerdo que no nos dejaban entrar con el buzo de egresados, que corrían las faltas a pesar de que los alumnos estuvieran de viaje, que todos debíamos cumplir con TODOS los sacramentos (y los padres también), etc. Con el correr de los años, como les dije antes, las normas restrictivas cada vez fueron mas a tal punto que el año pasado mi hermana me contó que un docente fue sancionado por ver con los alumnos la película “La noche de los lápices”….Sin comentarios. Sin embargo, es necesario mencionar que mas allá de los intentos de controlar al alumnado, los estudiantes nos íbamos igual de viaje de egresados, escondíamos los buzos en las mochilas para usarlos en la salida y siempre (por suerte) había algún docente dispuesto a pelearse para que hagamos alguna que otra excursión. Es decir, no siempre las instituciones brindan la libertad para que los estudiantes puedan apropiarse de los espacios y creo que aquí juega un rol importante la administración de un colegio: la palabra “privado” implica que hay un dueño/representante legal y que responde a determinados intereses, o dicho de otra manera que dirige el colegio ¿Qué interés puede tener ese “dueño” para ceder parte de su poder a los estudiantes?, la institución educativa en si misma termina siendo desde este tipo de administración, una propiedad privada donde parecería que hay que pedir permiso para hacer uso de ella. En cambio cuando la administración es publica, los espacios son (por premisa) de todos y por lo tanto es mas esperable que el poder no este coagulado en una sola figura sino que el mismo se encuentre repartido entre todas las personas que integran esa institución.
Finalmente y para concluir puedo decir que fue muy grato haber realizado mis practicas en contextos tan diferentes a mis propios recorridos personales por el sistema educativo, de manera que pude observar mundos paralelos dentro de la educación.