Nuestro diccionario moderno (o sea Wikipedia) define al
graffiti como “(…) el resultado de pintar textos en las paredes de manera
libre, creativa e ilimitada con fines de expresión y divulgación donde su
esencia es cambiar y evolucionar buscando ser un atractivo visual y con un alto
impacto siendo así un movimiento urbano revolucionario y rebelde (…)” Podríamos
decir entonces que el graffiti supone una marca personal que hace el grafitero,
pero que en ese “marcar” paredes hace hablar a un grupo de la sociedad al que
él pertenece. El mensaje, trasciende así la individualidad y se refugia en el
anonimato contando algo de la sociedad en la que vive: grupos de rock de moda,
peleas entre grupos barriales, ideologías políticas, etc. Hay una
intencionalidad de impactar, de transmitir y de multiplicar aquello que se
dice. Y desde esta perspectiva es que podría decirse que las redes conceptuales
en mi práctica docente, terminó funcionando como grafitis. Efecto singular e
impensado que hizo decir “algo” a las paredes de UFLO. Y ese “algo” hablaba de
los alumnos.
Ahora vamos a los hechos….
La primera clase que yo di, fue el 17 de mayo de 2012 (de 14 a 18 hs) en el segundo piso
de Pedernera. Los temas a trabajar eran: Aprendizaje significativo, Redes
conceptuales y entrevista. Entre las actividades que tenía planificadas, había
una que consistía en que los alumnos realicen en grupos una red conceptual en
base a un texto breve que hablaba sobre aprendizaje significativo. Luego de que
los alumnos armen el esquema de la red, yo les daba a cada grupo un fibrón
negro y un afiche de color que podía ser: verde manzana, amarillo o rosa.
Honestamente, aclaro que compré los afiches de distintos colores casi sin
pensar y cuando los compré, le pedí al vendedor los colores que estaban a mas a
mano, con el objetivo de que la transacción comercial sea lo mas veloz posible.
No hubo un criterio pedagógico al elegirlos. Tampoco al elegir los fibrones:
pude haber comprado de distintos colores, pero, no se por qué los elegí todos
color negro. No me parecían importantes estos detalles, ya que para mi formaban
parte de una estrategia de enseñanza y de aprendizaje, no de un trabajo de
expresión plástica. No tuve en cuenta la veta artística de la actividad. Recién
pude advertir esa veta cuando los alumnos mostraban cierta “desesperación” por
tener el afiche de color rosa, y el desencanto del grupo que se quedó con el
afiche amarillo.
Durante el diseño de la red conceptual, los alumnos discutían
y negociaban sobre modos posibles de diseño del mapa y sobre cuáles eran los
conceptos centrales, entre otros temas. Los observe muy concentrados en la
tarea. Así mismo observé mucho empeño en hacer el mapa en el afiche: usaban los
fibrones que les di y además usaban sus propios resaltadotes, biromes y lápices
para destacar diferentes partes del cuadro. Flechas rosas, verdes y rojas se veían
en las redes y nubecitas, guioncitos, flores, etc. Los alumnos se empeñaban en
que su red sea “bonita”, es decir que responda a sus gustos, tanto en colores
como en estilos. Se mostraban sonrientes y orgullosos de sus creaciones cuando exponían
y justificaban el resultado final. Aplaudían cuando un grupo exponía y se felicitaban
por la “obra de arte”. Esta fue una actividad que tenía planificada realizar en
25 o 30 minutos como máximo, pero a causa del tiempo que se tomaron los alumnos
para realizar los cuadros se terminó extendiendo 15 minutos más. Si bien yo les
recordaba a los alumnos el tiempo con el que disponían para terminar la
actividad, los alumnos parecían no querer apurarse demasiado: parecían
disfrutar mucho del proceso de armado de la red. Cuando faltaban pocos minutos
para finalizar la clase, la profesora Silvia buscó cinta scotch (yo me olvidé de
comprar y llevar cinta) y pegó los afiches en una de las paredes del aula. Los
alumnos parecían contentos y exclamaban que se veían muy bien en el aula. Antes
de retirarme, Silvia me comenta que la actividad salio muy bien, que las redes
eran muy buenas y que debían “verse”. Por otra parte, me aclaró que
probablemente esas redes no duren más de dos días colgados, ya que creía que
era muy probable que personal docente o no docente las saque.
Dos semanas después, vuelvo a Flores para dar mi última
clase, y para mi sorpresa ¡los mapas conceptuales realizados por los alumnos
seguían allí! Pero eso no era todo sino que se habían multiplicado: había mapas
nuevos. Silvia me comenta que está muy sorprendida de que los mapas sigan allí,
ya que se suele sacar todo cartel ajeno a la facultad. Por otro lado, comentó
que el grupo de alumnos que cursan esa misma materia pero a la mañana, les
“reclamaron” a las practicantes que estaban en el turno mañana (mis colegas y
compañeras, digamos) que ellos también querían hacer afiches. Dice que se habían
mostrado algo enojados porque ellos no realizaban un trabajo así, entonces las
practicantes armaron una actividad para que los alumnos armen un collage en un
afiche relacionado con el tema de motivación. Al igual que los afiches de mi práctica,
seguían allí colgados en las paredes. Silvia me indica que le llama la atención
que no los hayan sacado.

Che... pero ¡qué buena onda lo que pasó! Bienvenidos los efectos maravillosamente inesperados!
ResponderEliminarBienvenidos los imprevistos!
Felicitaciones!
También podés pensar que mas allá de enseñarles a "mapear" también aprendieron a construir efectos. Tu reacción de sorpresa... fué uno de esos efectos. :)
ResponderEliminarRealmente muy interesante lo sucedido... La introducción del graffiti habla de una idea de sujeto que se puede ver en acto en el relato. Y si bien decís que la habías pensado como "estrategia de enseñanza y de aprendizaje, no de un trabajo de expresión plástica", obviamente tienen que haber alguien dispuesto a escuchar para que esos otros se puedan expresar. Muy conmovedora la situación y el relato. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarque interesante el hilo que venís siguiendo desde los post anteriores. Excelente análisis y reflexión.
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